Better Call Saul y otros 5 spin-off que lo petaron fuerte

(NOTA: Este artículo fue publicado originariamente el 12 de febrero de 2015)

Llegó febrero, llegó Better Call Saul y a medio planeta seriéfilo le ha estallado la cabeza. Las redes sacan humo, las reviews se cuentan a centenares, las teorías están disparadas, la gente hipotetiza como si no hubiera un mañana y los ánimos andan, por decirlo suavemente, encendidos. Los tabiques nasales de casi todo el fandom cosquillean con el mero recuerdo de lo que fue Breaking Bad en su momento: droga dura que convirtió a incontables seguidores en los protagonistas infantiles de El pueblo de los malditos y que ahora, menos da una piedra, encuentra su correspondiente metadona en forma de spin-off/chufla/variante. Una precuela de la serie madre protagonizada por el más zarrapastroso picapleitos de Albuquerque, el Saul que da título al producto y que aparentemente será el centro de esta especie de exploit del universo Breaking Bad donde se minimiza el factor thriller fronterizo y se disparan a troche y moche las cantidades de humor negro.

Y qué, ¿la ha cagado Vince Gilligan? Aún es muy pronto para saberlo, claro, que la cosa sólo lleva emitidos, a día de hoy, un par de episodios. Y del mismo modo como no debería usted, querido lector, dejarse arrastrar por la marabunta descerebrada de fans -nos contamos entre ellos- que idolatrarán sí o sí el resultado, sea cual sea, tampoco hay que abandonar toda esperanza, y deberíamos ir pidiendo a nuestro tatuador de cabecera que no nos entinte aún en el pecho el puto «en Hollywood se les han acabado las ideas». Porque sí, esto es una forma de exprimir una idea preexistente, pero a lo largo de la historia del medio televisivo se han dado algunos casos ilustres de productos derivados que han gozado de una calidad igual o incluso superior a su serie de referencia. Y han sido unos cuantos, entre los que se cuentan series tan populares como Mork & MindyCosas de casaAngel o Torchwood, pero nosotros, que somos tanto de separar grano de paja, tenemos unas obvias preferencias.

 

He aquí un pequeño Top 5 de spin-off’s quintaesenciales que, de paso, también son nuestros favoritos:

 

The Jeffersons (CBS, 1975-1985)
Si algo había mejor en All in the Family que el propio Archie ese era mr. Jefferson, el vecino. Vale, no era mejor (la dinámica de personajes de Archie y su yerno es Dios), pero no dejaba de resultar menos brillante en todas y cada una de sus apariciones. Norman Lear, el genio tras All in the Family concedía a mediados de los 70, y en pleno éxito de la serie madre, un espacio propio a Louise y Lionel (más hijo) que resultaba en una sitcom cuyo éxito se prolongó durante once temporadas. A pesar de estar centrada en la condición afroamericana y las cuestiones interraciales la serie no poseía tantas y tan brillantes cargas vitriólicas como All in the Family, pero aun así llegó a calar incluso más entre el gran público. Y qué coño, molaba igual.

 

Los Roper (ITV, 1976-1979)

Otra de vecinos. George y Mildred se mudaban del piso que ocupaban en Un hombre en casa para largarse a tierras más cómicamente fértiles. Ambos se instalaban en un nuevo barrio residencial y a allí trasladaban su condición de pareja basura por excelencia de la televisión británica de los setenta. Y en ese contexto ya se sabe, los creadores Johnnie Mortimer y Brian Cooke lanzaban miradas maliciosas hacia los estamentos sociales y las neuras de una sociedad que se debatía entre lo obrero y lo acomodado. Entre el esnobismo y la suciedad provinciana. Entre el modelo Roper y el Fourmile, los vecinos pijos de George y Mildred, distinta cara de una misma moneda.

 

Lou Grant (CBS, 1977-1982)

Claro, lo mejor de La chica de la tele era su protagonista, Mary Tyler Moore, auténtico motor cómico (y empresarial) de la ficción catódica durante los 70. Pero ella ya tenía su one woman show. Su mejor amiga Rhoda conoció serie propia, también. Pero fue el jefe de Mary Richards en la cadena de televisión quien terminó llevándose el gato al agua: el orondo Lou Grant, íntegro periodista que ocupaba el cuerpo del gran Edward Asner, se trasladaba a Los Ángeles y se internaba en las tripas de un periódico, lo cual expandió el radio de acción de la comedia made by James L. Brooks de lo doméstico a lo universal: si bien el alcance temático de La chica de la tele fue amplio, el de Lou Grant se disparó definitivamente hacia terrenos más críticos, sociales y dramáticos. Buena televisión.

 

Frasier (NBC, 1993-2004)

Suele decirse que de casi cualquiera de los personajes que poblaban el bostoniano bar de Cheers se podría haber extraído un spin-off. Se intentó una vez, con una serie propia para Nick Tortelli (el impresentable ex de Carla) y la cosa se saldó con un fracaso. Y luego, justo al terminar Cheers, se volvió a intentar poniendo como protagonista al insoportable-pero-entrañable psiquiatra Frasier Crane, trasladándolo a Seattle y rodeándolo de un reparto de personajes químicamente perfecto: su incansable aliado y hermanísimo Niles, el contrapunto de su padre Martin, un expoli chapado a la antigua, y la desgarbada y muy inglesa chacha Daphne. El resultado: un derroche de inteligencia screwball en la que fue la segunda mejor sitcom de los 90 (sólo la supera Seinfeld, claro).

 

Daria (MTV, 1997-2002)

Pues sí, tal fue el impacto de Daria en la comunidad nerdie que pocos recordarán que en realidad el personaje vio su génesis en la no menos cultificada Beavis y Butt-head. Estamos hablando de una MTV que poco a poco iba tanteando el terreno de la ficción (terminaría abandonando definitivamente la emisión de videoclips al cabo de unos pocos años), que llevaba ya cinco o seis años experimentando con las series animadas y que, en esencia, seguía teniendo como bandera conectar con los adolescentes del mundo libre. Y encontró en Daria una pequeña rebelde, cínica e irónica que pedía a gritos un espacio para si y su visión nihilista de un mundo que pocos, a esa edad, comprendíamos de verdad. Mucho me temo que ella en el fondo sí lo hacía a la perfección.

 

Bonus track. The Colbert Report (Comedy Central 2005-2014): Stephen Colbert. El Daily Show de Jon Stewart. Historia en mayúsculas de la sátira política en Estados Unidos. El resto es sabido: Colbert abandonaba la pasada temporada su salvajemente irónico personaje neocon para trasladarse a ligas (aún) mayores. Fueron diez años de crítica política mordaz y sangrante que ahí quedan, para quien quiera recogerlos, y que podrían haber encontrado ahora en John Oliver a un digno sucesor. Pero ya veremos: Colbert es mucho Colbert, le pesara a quien le pesara. (Para más jodienda hace sólo un par de días el propio Stewart anunciaba su abandono al frente del Daily Show. Sarah Palin, no te confíes: aún no has ganado)