10 películas sobre guionistas que no te puedes perder

Bueno, o sí. Porque, seamos francos: más allá de titulares como el que encabeza este post (“10 blablablá que no te puedes perder”), más propios de neoblogueros fans de las TED Talks y lectores de Playground, ¿a quién coño le importa de verdad que se hable de nosotros en el cine? Nosotros estamos para escribir las películas, no para salir en ellas. Pero tampoco nos engañemos en esto: de alguna manera nos mola que nuestra estimable y mierdil profesión se vea reflejada en la gran pantalla. Aunque sea para ser machacados.

El caso es que en algún momento de este 2015 llegó a nuestros cines -un momento, ¿de verdad lo hizo?- ¿Cómo se escribe amor?, la última chufa de Hugh Grant, que esta vez encarnaba a un guionista fracasado que conoció épocas mejores -nada que ver con la vida real, no…-. Una más que se suma a la lista de potenciales mediocridades llegadas desde el grantverso y dirigidas a… bueno, supongo que tendrá alguna fanbase en algún lado. Y cuidado que la cosa no se termina ahí (mayhem!), porque por otro lado tuvimos la muy meta Sexo fácil, películas tristes, apuesta española que lamentablemente tuvo una acogida más bien fría.

 

Y de algún modo la alineación planetaria que ha provocado el encuentro en un mismo año de dos películas protagonizadas por guionistas nos ha inspirado un pequeño top relacionado con el tema. Y como decía, la verdad es que en los últimos 120 años no han habido muchos ejemplos. Tenemos un oficio poco glamuroso, queridos amigos, qué le vamos a hacer. Pero desde luego los que siguen son, con una probabilidad del 73%, nuestros favoritos de entre todos ellos. Películas que nos reafirman en el heroísmo estoico de nuestra profesión o, simplemente, nos sirven para comprobar que hay gente -aunque sean personajes de ficción- que se dedica a esto y está más jodida que nosotros. Risa malvada.
Sin más, aquí va nuestro top, ordenado alfabéticamente:

 

8 1/2, de Federico Fellini; guión de Tullio Pinelli, Federico Fellini, Ennio Flaiano y Brunello Rondi
Un alter-ego de Fellini, encarnado por Marcello Mastroianni, busca a sus musas en plena crisis creativa y de paso emprende con ello la búsqueda de su propia identidad a través de la exploración de su presente y pasado. No es exactamente una película de guionistas al uso pero, ey, demandadnos. Es la mayor obra maestra del genio romano y una de las películas que mejor capturan el caos, la turbulencia y los impulsos de sexo y muerte que conllevan el acto creativo.

 

 

Adaptation, de Spike Jonze; guión de Charlie Kaufman

El tercer largo escrito por Charlie Kaufman llevó sus inquietudes hasta el infinito: película-cebolla por excelencia a Adaptation se le puede pelar incontables capas interpretativas hasta llegar a un corazón que es puro metalenguaje. Por el camino Jonze y Kaufman dan cuenta de las inquietudes de cualquier guionista, personificado aquí en dos gemelos opuestos que capturan (ellos y la caterva de iluminados que los rodean) sentimientos de desazón y obsesión en un libreto que es una maldita maravilla y una auténtica virguería postmoderna. 

 

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Barton Fink, de Joel Coen; guión de Ethan y Joel Coen
Barton Fink no es sólo una de las mejores obras de los hermanos Coen (y, por extensión, de los 90) sino también la película definitiva sobre el bloqueo artístico que más de una vez (y de dos) a asolado a cualquier guionista. La historia de este pobre tipo que se traslada al Los Angeles de los 40 para escribir un biopic termina convertida en una sangrante parodia llena de sarcasmo y bizarridad. Pero especialmente de mal rollo, extrañeza y surrealismo de la mano de un desfile de secundarios chungos que representan lo más nocivo y freak de la fauna hollywoodiense: productores, realizadores, da igual, todos locos. Una película ácida y alucinada que muestra la peor (y suponemos más acertada) cara del mundo de la industria cinematográfica.

 

 

El desprecio, de Jean-Luc Godard; guión de Jean-Luc Godard
A partir de una novela de Alberto Moravia Godard facturaba una de sus incontables obras maestras en los 60 narrando esta historia de decadencia conyugal. A un escritor le encargaban un trabajo en el mundo del cine y este, ya se sabe, significaba su perdición. Es lo que nos ocurre a los que intentamos asomarnos a este mundillo, oigan. Una historia de pasiones y bajos instintos, celos y -exacto- desprecio que no dejaba muchas dudas respecto a la incomodidad de su director en el seno de la industria, El desprecio es una película intensa, no exenta de estilo, y una visión muy descarada, personal y lúcida del oficio.

 

 

El crepúsculo de los Dioses, de Billy Wilder; guión de Charles Brackett, Billy Wilder, D.M. Marshman Jr.
Gracias, Billy: el guionista es un fiambre flotando en medio de la piscina. Menos mal que a través de una triquiñuela narrativa el buen señor nos cuenta desde la postvida las circunstancias que lo llevaron allí. Y no son bonitas: implican la caída de las grandes figuras del cine mudo, la decadencia de las antiguas divinidades de Hollywood, la puesta en crisis de un sistema de valores que se empeña en seguir incólume cuando ya hace tiempo que apesta a naftalina. Con El ángel azul, la más brutal reflexión entorno a la decrepitud y la dignidad jamás rodada.

 

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El juego de Hollywood, de Robert Altman; guión de Michael Tolkin 
No, vale, tampoco en esta el protagonista absoluto es el guionista. Pero al fin y al cabo esto es la historia de nuestra vida, ¿no? Nunca somos los protagonistas. Y menos en una película de Robert Altman, con tanta gente pululando por ahí. En este caso, el viejo Bob se centraba en las interioridades del Hollywood más rancio e hijoputo para contar la historia de un productor que se las veía con guionistas y terminaba llevando demasiado lejos la expresión “matar un proyecto”. Una despiadada sátira desde el mismo vientre de la bestia.

 

 

En un lugar solitario, de Nicholas Ray; guión de Andrew Solt, historia de Dorothy B. Hughes
Negra como el carbón, una de las más importantes obras maestras de Nicholas Ray centraba su atención en un guionista bronco y áspero que se veía envuelto en una trama de asesinato casi irrespirable. Humphrey Bogart y Gloria Grahame desplegaban a partir de esta premisa una historia de engaños y pasiones llevadas con seguridad por la mano firme pero sutil de Ray. Una visión dura, seca, muy acorde con el cine negro de la época, de los tejemanejes de la industria y de los tipos -casi siempre desglamourizados- que la pueblan.

 

 

Encuentro en París, de Richard Quine; guión de George Axelrod, Henri Jeanson y Julien Duvivier
Como en El crepúsculo de los dioses William Holden volvía a encarnar a un guionista, solo que en este caso la historia era bastante más relajada. Tontorrona incluso, pero es que esto no iba de eso. Planteada como un gran juego metalingüístico entorno a las convenciones de los géneros, esta historia de escritor que se desplazaba a París y en un tiempo récord -y ayudado por Audrey Hepburn– tenía que terminar un guión terminaba siendo una comedieta hollywoodiense un tanto olvidada… pero innegablemente encantadora. Y atractiva: aquí la creación de una historia se iba desplegando, literalmente, ante nuestros ojos mientras, en paralelo, se cocía la tensión romántica entre sus dos protagonistas. Resultado, una comedia pizpireta, socarrona y muy divertida.

 

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Las tres noches de Susana, de Frank Tashlin; guión de Alex Gottlieb (obra original de Steve Fisher y Alex Gottlieb)
Es una película menor de Frank Tashlin (madre de Dios, el hombre tenía obras maestras pero también algunos tropiezos), pero aun así Las tres noches de Susana ofrece varios motivos para la alegría. La mayoría de ellos basados en la comicidad de Debbie Reynolds, que era mucha. Pero también en su visión alegre y despendolada de la vida hollywoodiense, concretada en un guionista estrella que, en su trabajo de documentación a la hora de escribir una película sobre la delincuencia juvenil termina enamorado de una pizpireta chavala… menor de edad (¡!). Comedia muy clásica, entrañablemente maja y que ofrece una visión del oficio entre lo idealizado y lo miserabilista.

 

 

Mi año favorito, de Richard Benjamin; guión de Norman Steinberg y Dennis Palumbo
Como en El crepúsculo de los Dioses, un guionista es el encargado de velar por la dignidad de una estrella decadente, solo que aquí el veterano era un Peter O’Toole salido de madre y en general la cosa tendía hacia la comedia. Una comedia a medio camino del clásico de Hollywood y la irreverencia de los ochenta que transcurría en el Nueva York de los 50 y reunía un puñado de ingredientes siempre efectivos. Enredo, romance, absurdo, gangsters e interioridades de un plató televisivo en el 30 Rock conformaban esta película un tanto olvidada pero innegablemente encantadora.