¿Así que quieres escribir, pequeño saltamontes?

Cuando era joven iba a leer a la biblioteca, incluso hacía pellas para ir a la biblioteca, sí. Ahí es donde me di cuenta que quería dedicarme a escribir o ser bibliotecaria. Ahí es donde descubrí a Bukowski, en uno de esos pasillos oscuros y mugrientos. Nunca me llevaba los libros a casa, simplemente me quedaba de pie en el pasillo leyendo hasta la hora de cenar, luego doblaba la esquina de la página y lo escondía entre otros libros para asegurarme de que mañana estaría ahí (en mi pueblo nos peleábamos por los libros). Y un glorioso día descubrí este poema del susodicho:

¿Así que quieres ser escritor?

Si no te sale ardiendo de dentro,

a pesar de todo,

no lo hagas.

A no ser que salga espontáneamente de tu corazón

y de tu mente y de tu boca

y de tus tripas,

no lo hagas.

Si tienes que sentarte durante horas

con la mirada fija en la pantalla del ordenador

o clavado en tu máquina de escribir

buscando las palabras,

no lo hagas.

Si lo haces por dinero o fama,

no lo hagas.

Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,

no lo hagas.

Si tienes que sentarte

y reescribirlo una y otra vez,

no lo hagas.

Si te cansa sólo pensar en hacerlo,

no lo hagas.

Si estás intentando escribir

como cualquier otro, olvídalo.

 

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,

espera pacientemente.

Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

 

Si primero tienes que leerlo a tu esposa

o a tu novia o a tu novio

o a tus padres o a cualquiera,

no estás preparado.

 

No seas como tantos escritores,

no seas como tantos miles de

personas que se llaman a sí mismos escritores,

no seas soso y aburrido y pretencioso,

no te consumas en tu amor propio.

Las bibliotecas del mundo

bostezan hasta dormirse

con esa gente.

No seas uno de ellos.

No lo hagas.

A no ser que salga de tu alma

como un cohete,

a no ser que quedarte quieto

pudiera llevarte a la locura,

al suicidio o al asesinato,

no lo hagas.

A no ser que el sol dentro de ti

esté quemando tus tripas, no lo hagas.

Cuando sea verdaderamente el momento,

y si has sido elegido,

sucederá por sí solo y

seguirá sucediendo hasta que mueras

o hasta que muera en ti.

No hay otro camino.

Y nunca lo hubo.

Escribir no es tan romántico como nos lo han vendido

Después de leer el poema, cerré el libro entre lágrimas y me volqué a taladrar los textos más penosos de mi recién inaugurada carrera literaria. Eso era escribir: Doloroso, apasionado, problemático y romántico. No escribes, vomitas sangre y locura en el papel. Todo es inmediato y poco pensado, es LA VIDA.

Recuerdo mis patéticos intentos de ser auténtica y de plasmar “sentimientos” intensos y crueles de mis dieciséis años.

Por suerte, con la edad me he dado cuenta que es una forma muy infantil e inocente de ver el proceso de la escritura y que el poema es una soberana cursilada escrito por un narcisista borracho. La gente sobrevalora la espontaneidad y la improvisación, siempre asociada a la juventud pero os aseguro que la apología a la inmediatez es una inmensa estupidez.

Siempre leo curiosidades de jóvenes directores que escribieron un guión en quince días, medio borrachos y sin dormir para luego rodar la película dejando al azar como gran protagonista. ¿Pero a cuántos les ha salido bien está apuesta? A veces creo que los guionistas y escritores tienen miedo de decir que han necesitado ocho versiones para acabar de ver que la obra funciona. Pero es mucho más glamoroso decir que la escribiste de un tirón, sin revisar y sin pensar porque “has sacado las palabras de las entrañas”.

Menuda tontería, señores aspirantes a guionistas y escritores. Que no te vendan la moto Bukowski, tendemos a darle a la escritura un aura mágica, pero no la tiene. Es más, desconfía de todo lo que salga “rugiendo”, seguramente será una bazofia producto de un calentón pasajero.

 

Siempre leo curiosidades de jóvenes directores que escribieron un guión en quince días, medio borrachos y sin dormir para luego rodar la película dejando al azar como gran protagonista. ¿Pero a cuántos les ha salido bien está apuesta? A veces creo que los guionistas y escritores tienen miedo de decir que han necesitado ocho versiones para acabar de ver que la obra funciona.

 

Manifiesto de la escritura adulta y autoconsciente:

  • Escribir desde la frigidez y la vejez del espíritu, como lo haría un anciano sabio que todo lo ha vivido y que lo de ahí fuera ya no le interesa un comino.
  • Escribir desde el aburrimiento, porque asúmelo de una vez, escribes porque tu vida es aburrida y solo en tus relatos es mejor.
  • Escribir con disciplina militar, plantando el culo cada día a la silla hasta que duela. Y dolerá, porque te enfrentarás a la pereza mental, a las inseguridades típicas y al miedo de qué dirán.
  • Escribir con plena conciencia de que no eres un elegido, ni estás tocado por la varita divina del talento. Y a pesar de ello, te sientas a escribir sabiendo que la mayoría de tu trabajo irá a la papelera.
  • Escribir desde la más cruel sobriedad, estar lúcido y tener valor de enfrentarte a tu hoja en blanco y a tu soledad. Sabiendo que las palabras no saldrán con una fuerza devastadora sino con cuentagotas.
  • Escribir con ilusión y la reflexión adulta, no desde la rabia y la diarrea verbal, para eso ya están los raperos.
  • Escribir desde la matemática de las escaletas, desde un método aprendido y perfeccionado durante años. Desde una estructura ordenada y determinada (que puedes romper a tu gusto pero solo cuando ya la tienes clara). Cálculo, templanza y sosiego no son palabras muy apasionadas pero harán que tu obra respire profesionalidad.
  • Escribir como un autista con TOC, una y otra vez, siempre la misma escena, hasta que ésta sea perfecta. Trabajar como una hormiguita del texto, como un proletario de las palabras que eres.
  • Escribir por el motivo que sea: si es para enamorar una chica, perfecto. Si es para pasar a la historia, perfecto. Si es para cambiar el mundo, genial. Si es para ganar dinero, vas mal. Pero que nadie te diga que motivo es lícito o no para escribir.

 

Pero no pretendas convertir tu vida en una obra de arte, para eso ya están las chicas del instagram. No seas uno de ESOS TIOS que escriben frases sueltas en servilletas de un bar, pensando que con eso basta para que algún día tenga suficientes para construir un guión. No seas de esas personas sin un mínimo de ética de trabajo, infantil y autocomplaciente. Pero por sobre todas las cosas respeta el oficio; y las poses de divas déjalas para otra ocasión.

 

CUANDO SÍ APLICO EL MÉTODO BUKOWSKI

Solo uso el método Bukowski para dialogar. Cuando tengo que escribir un diálogo difícil, apasionado, personal e intenso, escribo con las tripas y normalmente con una botella de vino delante. Si el diálogo es entre dos amantes que se reprochan y se tiran los trastos por la cabeza, escribo una carta a alguna persona que me ha hecho daño, que me ha dejado en ridículo. (Normalmente a mis ex-compañeros de instituto que disfrutaban metiéndome babosas en el bocadillo).

Lo saco todo, todo el amor, todas las heridas, todos los reproches. Me voy a dormir y a la mañana siguiente la reeleo. El 90% de la carta no servirá para nada solo para poner a parir a tus enemigos, pero encontrarás cuatro o cinco ideas claves, unas pequeñas semillas o una frase absolutamente perfecta. Luego me apunto las ideas y rompo la carta para que nadie pueda llegar a leerla como aquellas cartas que se publican a traición después de que el autor se haya muerto.

Con esas ideas construyo un diálogo paso a paso, dosificando a la perfección la información, determinando los subtexto y calculando los silencios. Quizás he escrito una carta de quince páginas para utilizar solo una frase, pero el esfuerzo ha valido la pena.