Mad Marx recomienda. 12 comedias televisivas que probablemente no estás viendo

(NOTA: Este artículo fue publicado originariamente el 29 de marzo de 2014)

[Una reflexión previa algo anodina, y bastante ludicrous en su propósito, entorno a la presencia de lo cómico en la ficción televisiva (hoy)]

No sé muy bien qué motiva este post, pero nos apetecía marcarnos este pequeño acto reivindicativo. Somos toxicómanos de las series, como cualquier hijo de vecino, y siempre está bien ejercer un poco de camello y enganchar al feliz infierno de la droga a cualquiera que se nos cruce por delante. Por otro lado, como espectadores primero y como guionistas después, somos muy de comedias y, como decimos, nos sentíamos con la imperiosa necesidad de dar un golpe en la mesa y reivindicar la ficción humorística televisiva, hoy que tanto prestigio crítico parece desprender el drama. Claro, puestos a reivindicar algo, lo suyo sería hacerlo con producto nacional, en lugar de con basura imperialista pero, seamos sinceros, ni tú ni yo estamos aún en ese punto de la relación. Como sea, la comedia parece aquella metadona que usamos para rellenar mono, lo que nos metemos en el cuerpo autoengañándonos hasta que llegue la próxima dosis de Mad Men, de Juego de Tronos, o lo que sea.

Por otro lado, los escritores hoy parecen volcarse hacia el drama, que es el terreno que ve nacer las grandes firmas (Nic Pizzolatto es el man of the hour y lo sabes) y los creadores más destacados de los últimos años (Chase, Winters, Milch, Simon, Abrams, Sorkin) han crecido en ese tipo de narrativa, especialmente en series con continuidad, aún la niña mimada de teligiosos de medio mundo libre, a pesar del empuje cada vez mayor que muestra el retorno del procedimental como formato.

 

Bien. Comedia. El desengrasante para tontos. El género noble que en televisión sirve para reforzar la fe del espectador en unas estructuras cerradas, fotocopiadas hasta la degradación o para generar un par de risotadas irreflexivas y mañana será otro día, ¿verdad? No, por supuesto que no, a pesar de que en algunos momentos las cosas que se saca Chuck Lorre cada vez que se desenreda un tarzanillo del sobaco nos lleven a pensar que así es. Pero no, en la comedia televisiva, más allá de la sitcom, sigue habiendo narices, gónadas y ansias experimentadoras, pulverizadoras de esquemas. Más allá de los jitazos de la CBS, los semifracasos de unas NBC y Fox cada vez más conservadoras y de las honrosas excepciones de FXX (Louie y Colgados en Philadelphia nos ponen mucho), lo cierto es que a nivel de creatividad hoy IFC, Comedy Central y Adult Swim se reparten casi todo el pastel en eso de la comedia más o menos audaz. Y de eso queremos dar cuenta. De esos productos inclasificables o meramente desconocidos, series que suponen experimentos con el formato, ruptura de todos los límites, metalingüismo a punta pala, incorrección o simple genio en la sombra. Una docena de series ricas, ricas (hay más, obviamente, pero estas son las que más nos motivan) que pretenden acallar la bocaza de los apocalípticos demostrando que, como siempre ha ocurrido y siempre ocurrirá, otra tele es posible.

 

A nivel de creatividad hoy IFC, Comedy Central y Adult Swim se reparten casi todo el pastel en eso de la comedia más o menos audaz

 

Unas últimas reflexiones antes de pasar al lío, y volviendo a la piel de toro. ¿Por qué escribir este tipo de comedias resulta ser una osadía en la televisión española actual? ¿Por qué cualquier iniciativa arriesgada debe relegarse al ámbito web? Desde luego no es una cuestión de presupuesto (algunas de las series que citamos ahí debajo tienen un desembolso irrisorio). Tampoco de talento, ya que más de una y de dos veces han tenido estrechísimos márgenes de confianza los guionistas de este país para demostrar que cuando nos dejan, podemos (siempre en programas que han sido eliminados a las pocas semanas de emisión). No, la cuestión es justo esa. La eficacia de las fórmulas está probada con los números en la mano, y a cualquiera que tenga poder y pasta en juego le cuesta asumir un riesgo. Pero la verdad, aceptado que la sitcom canónica tal y como la conciben los americanos no tiene futuro en este país porque no encuentra su hueco en el inmobiliario catódico que montan los programadores, sería francamente bonito que alguien se atreviera con algo parecido a esto que sigue.

 

Sin más, he aquí nuestras doce propuestas, por riguroso orden alfabético: no busquéis motivaciones jerárquicas ocultas, vamos de la B a la W y ya. Diez series en emisión que podrías estar perdiéndote (y con ello cometerías un grave error). Tomen nota.

 

 

Broad City (Comedy Central)
Pirueta perfecta, salto mortal de la web a la tele y zas, impecable, nadie se ha partido ninguna vértebra cervical por el camino. Abbi Jacobson e Ilana Glazer visten de largo su Broad City cogidas de la mano de la madrina Amy Poehler y la cosa no les podía ir mejor. Su muy particular “how to make it in America” es una mirada moderna, aguda y estúpida a partes iguales hacia las jóvenes urbanas de veintitantos. Peterpanes ellas a las que, como a nosotros los tíos, también les pone el humor grueso, la risa taruga y la maduración a hostias. Supersalidas y superfumadas, Ilana y Abbi se enfrentan con los avatares de la mujer actual (curros, novios, pisos, fiestas que terminan con choques de trenes gástricos) con un desparpajo que ya quisieran para si muchos paladines de la comedia gamberra. La cara cerda (y descacharrante) de Girls.

 

A ellas, como a los tíos, también les pone el humor grueso, la risa taruga y la maduración a hostias

 

Burning Love (E!)
Planteado como una parodia sangrante de esos irritantes dating shows, Burning Love es tan insustancial como aquellos, pero muchísimo más gracioso y terriblemente biliar. La clásica fórmula “uno para todas” se lleva aquí hasta el paroxismo del humor subnormal de la mano de un Ken Marino que ya está de vuelta de todo y que interpreta a un soltero de oro a la que todas se rifan en una serie de pruebas pastelosas que dispararían la diabetes de, no sé, Hitler. Es la gracia, claro, que todo esté kitchosamente empurpurinado. Mucha, pero que mucha mala hostia en esta mirada cáustica hacia los nuevos formatos televisivos. Ese es uno de los atractivos de Burning Love; el otro, un golosísimo desfile de caras afines y amiguetes entre los que no faltan Malin Akerman, Adam Scott, Paul Scheer, Martin Starr o Ben Stiller. Episodios de menos de diez minutos que entran finos, finos.

 

Burning-Love

Comedy Bang! Bang! (IFC)
Otro salto de un universo más reducido a las grandes ligas catódicas. Vale, lo de grandes ligas es un decir, pero es que esto venía de la radio. Tenían una pequeña fanbase los podcasts de Scott Aukerman (también responsable creativo de esa cosa que hace Zach Galifianakis, Between Two Ferns) y el comedy-musician Reggie Watts, que congregaban ante el micro a una serie de personalidades chanantes de la órbita Nueva Comedia Americana. Hace un par de temporadas, los muy indies capitostes de IFC les ponían un plató y ala, a hacer el loco en colores y con el mismo nivel de invitados (de Paul Rudd a Rainn Wilson, Seth Rogen o el viejo Weird Al Yankovic). Y sí, mucha chifladura hay en Comedy Bang! Bang!, suerte de falso talk show de entrevistas guionizadas que rezuma parodia, ironía cósmica y toneladas de meta.

 

 

Eagleheart (Adult Swim)
¿Alguien más echa de menos a Chris Peterson? Bien, pues desengañémonos. A estas alturas el protagonista de Búscate la vida ya no va a volver. Pero podemos trampear a la nostalgia con Eagleheart, pequeña joya de Adult Swim, también capitaneada por el bueno de Chris Elliott, que parodia el ranger de Texas de Chuck Norris con el toque irreverente, surrealista (e infinitamente más gore, por cierto) que destilaba el mentado clásico de la comedia de los 90. En su tercer asalto, Eagleheart ha dejado de lado la estructura procedimental para abrazar una suerte de temporada serializada que conforma un gran opus salvajemente operístico al que han llamado “Paradise Rising”: dos horas (en capsulillas de diez minutos) de épica surrealista, sangrienta y volcánicamente descojonante.

 

Podemos trampear a la nostalgia por Búscate la vida con Eagleheart, pequeña joya de Adult Swim, también capitaneada por el bueno de Chris Elliott, que parodia el ranger de Texas de Chuck Norris con un toque irreverente y surrealista

 

Inside No. 9 (BBC)
Única entrada británica de la lista (ya nos vale, ya), esto debería venderse solo: detrás tiene a dos de los (ir)responsables de The League of Gentlemen, aquella serie salvaje construida desde un prisma cómico que redimensionaba el concepto de humor negro, Reece Shearsmith y Steve Pemberton. Ahora estos dos ingleses peligrosos han montado una antología de seis episodios totalmente independientes entre si empapados de humor extraño, incomodidad, ideas inquietantes y siempre abiertos a los jugueteos con el género y la puesta en escena: hay un episodio casi mudo, otro con el interior de un armario como principal escenario, otro de terror puro y duro, otro más que adapta a su manera Macbeth, y así. El resultado es una heterogénea muestra que deja un regusto de deliciosa decadencia, muy propia de esos dos indeseables.

 

Nathan for You (Comedy Central)
El tipo que recientemente ha patentado con éxito esa cosa de Dumb Starbucks ya venía de poner en crisis el mundo empresarial a través de su desternillante show propio, un Nathan for You que parodia con infinita mala baba los programas de asesoramiento de negocios tipo coaching. La cosa es que este tipo, hipotético experto en márketing y gestión de empresa avalado con altas calificaciones (algunas B, algunas C+… sic) en la mejor universidad de Canadá (sic otra vez), se dedica a visitar empresas en decadencia -ficticias, esperamos- para reflotar su economía con ideas brillantes. El resultado no por obvio -desastre absoluto en el 90% de los casos- es menos desternillante. El sujeto Nathan Fielder sabe mucho de nuevas formas de comunicación y tanto le da montar un falso video viral como recurrir a las técnicas publicitarias más agresivas del momento, como lanzar un nuevo sabor a “caca” en una heladería sin clientes. Escalada de catástrofes en un maldito festival cómico.

 

 

NTSF:SD:SUV (Adult Swim)
Otra de estas pequeñas perlas paródicas de Adult Swim -en la línea de Eagleheart, o de Children’s Hospital, guasa sangrante a costa de Anatomía de Grey– que, en este caso toma la franquicia CSI como referente para montarse un despiporre de acción sin pies ni cabeza protagonizado por una suerte de Jack Bauer con la cara y la separación interdental de Paul Scheer. Los casos trepidantes y casi siempre findelmundistas que tiene que resolver esta divisón especial del orden en San Diego sirven como excusa para cachondearse de todo y de todos, dinamitar los estereotipos del género y, en fin, armar un thriller hi tech/low cost que casi siempre bordea, y sobrepasa, el WTF. Incluye pinceladas de ciencia-ficción, intrigas políticas y espionaje de toda clase, todo construido sobre guiones (buscadamente) cogidos con pinzas y sustentados sobre delirantes frases lapidarias. La CBS estará contenta.

 

portlandia

Portlandia (IFC)
Hecho: Fred Armisen -cantera Saturday Night Live– y Carrie Brownstein -33% de una de las mejores bandas de rock del mundo, Sleater-Kinney- hacen pareja humorística y tienen un programa propio. Conclusión: visionado inexcusable. La serie sorpresa entre los indies de medio mundo hace tres temporadas sigue viento en popa convirtiendo en oro cómico esa estrategia de morder la mano que le da a uno de comer: esto es la serie hipster que se ríe de los hipsters y que adoran los hipsters. No es para menos: su humor absurdo se fija en los estilos de vida más izquierdosos y progres, especialmente las tribus que empezaron a proliferar en los años 90 (en Portland, dicen sus creadores, se paró el tiempo en esa década y hoy siguen igual), y su cartera interpretativa está repleta de cameos geeks, gente del mundillo musical indie nivel Jack White, Annie Clark de Saint Vincent o Joanna Newsom. Superirresistible.

 

Portlandia convierte en oro cómico esa estrategia de morder la mano que le da a uno de comer: esto es la serie hipster que se ríe de los hipsters y que adoran los hipsters.

 

Review (Comedy Central)
Recién llegada a Comedy Central, esta Review tiene al frente a Forrest Macneil (creación del actor Andrew Daly), uno de esos periodistas de investigación sobre-entregados que, dispuesto a hacer críticas de la propia vida (sic), experimenta en sus propias carnes lo que sus espectadores le piden por correo electrónico. Me explico mejor con un ejemplo: si usted quiere saber cómo es meterse una raya de coca, pregúntele a Forrest Macneil; él se hará adicto por usted y al final calificará la experiencia con una valoración de entre cero y cinco estrellitas. Y tenga por seguro que la profesionalidad de Macneil no tiene límites. En los pocos episodios emitidos hasta el momento, el buen hombre ha experimentado, para la causa, lo que es ser racista, divorciarse de su esposa o comerse de golpe 30 pancakes con sirope.

 

Rick and Morty (Adult Swim)
No sé si esto surgió del despecho, pero podría ser que cuando los responsables de Community pusieron de patitas en la calle a Dan Harmon (al que han vuelto a readmitir, por cierto) el loco de la barba y las triquiñuelas frikis se inventara esta cosa. Para un servidor es la serie animada revelación de la temporada, ese lugar donde Harmon da rienda suelta a todo su nerdismo sin ningún tipo de coartada. La cosa va de un abuelo inventor y su nieto idiota teniendo aventuras a lo largo y ancho de la ciencia ficción; y la gracia, que sus guiones logran exprimirle todo el jugo cómico a las situaciones propias del género, que abarcan desde invasiones extraterrestres hasta clones, realidades paralelas y ciborgs. Algo así como un Futurama desmelenado y punki que capítulo a capítulo logra dar una vuelta de tuerca a sus propios planteamientos. Es muy genial.

 

Rick-and-Morty

The Birthday Boys (IFC)
Apadrinada por otro versado en el terreno skitcom -comedias de sketches-, Bob Odenkirk, que aquí presta su risa idiota a algunos personajes puntuales, The Birthday Boys es una apuesta de IFC para la temporada pasada que reúne a un puñado de semidesconocidos (a alguno lo hemos visto haciendo papelillos secundarios) y los pone al frente de esta compilación de gags absurdos y surrealistas. La fórmula es la de “pequeñas tonterías siempre conducen a tonterías mayores e infinitamente hilarantes” que, claro, nos hacen pensar con nostalgia en la por siempre añorada Mr. Show. Y el resultado, eso, una antología del disparate llena de parodias afiladas hacia otros géneros televisivos y situaciones extrañas con poca solución de continuidad. Estos tipos han dado muestras de su buen hacer en una primera temporada. Ojo que pueden llegar muy alto.

 

 

Workaholics (Comedy Central)
Sin mensaje, sin coartadas intelectuales ni sociales, los tres tipos de Workaholics no son más que tres potheads postadolescentes a los que la tontería se les está alargando demasiado. Par de hostias bien dadas, que diría aquel. En fin, las reciben. Se pasan todo el día fumando, bebiendo cerveza, ligando patéticamente y teniendo ideas de bombero que terminan en catástrofe, muchas de las veces con fluidos corporales involucrados, casi todas con los tres tipos subidos en el tejado de su casa viendo pasar la vida mientras, sí, fuman y beben cerveza. ¿Dónde está la gracia? No lo sé muy bien, pero es innegable que la hay. Y a toneladas. La risa gilipollas está asegurada cada semana gracias a estos tres tipos que, además de insospechadas bestias interpretativas del humor físico, son también tres talentazos del guión de comedia. Insisto en que no sé cómo lo logran, pero lo logran. Vaya si sí.