Sitges 2015: 4 Películas sorprendentes por las que no dábamos un duro.

En nuestro particular repaso a esta edición de Sitges 2015, queremos hacer una mención especial a las películas que, a priori, menos interés levantaban, y que más nos sorprendieron. Esos films a los que vas con las expectativas mínimas, como a esa cita a ciegas que te organiza tu amiga, pero que al final… ¡Sorpresa! El tío está bueno y es un encanto. Ya quedan pocos así. En fin, que ahí va nuestro particular repaso a las joyas ocultas de esta edición del festival.

Anabel:

Hay que reconocer que la presentación de Anabel, a cargo de su director Antonio Trashorras, nos dejó un poco desarmados. El también guionista salió al escenario del cine Prado a contar, casi en tono de disculpa, que jamás se imaginó que la película llegase a verse en un festival. La rodó en su casa los fines de semana, entre amigos, con el único fin de disfrutarla en proyecciones íntimas. Menos mal que no fue así y finalmente llegó hasta nosotros.

El bajo nivel de producción se hace patente en la cinta, cierto, pero eso no eclipsa ni un ápice a la historia que nos transmite. Dejando esto a un lado, podemos hacer una importante mención a lo trabajado de su guión. anabel-sitges2015

En él, dos compañeras de piso, de personalidades distintas y perfectamente marcadas, comentan la extraña ausencia de una tercera, Anabel. Deciden que es hora de buscar un nuevo inquilino y el elegido es un hombre mayor, que tras explicar su trágica circunstancia, es aceptado por las dos chicas. Lo que empieza siendo una convivencia extraña pero pacífica, acaba por sumergir al espectador en un viaje hacia un universo inquietante y siniestro.

Información bien dosificada, giros perfectamente calculados, tensión en los diálogos, suspense en los silencios… Están presentes todos los elementos de un gran guión. Pero lo que sobresale de Anabel es su transfondo temático: habla de política sin hablar de política, reflexiona sobre el panorama actual sin intentar aleccionar a nadie. Asoman temas tan dolorosos como los desahucios y el dilema moral que conllevan, el desempleo juvenil, las consecuencias del neoliberalismo extremo que sufre el ciudadano de a pie. Sueños que se desvanecen y personas mayores, aún llenas de energía, que son apartadas por el sistema. Temas incómodos que llenan la boca del espectador de un sabor amargo, y que tratados en una película de terror psicológico, arrojan un resultado más que notable.

Tag:

Una servidora que firma este artículo quiere dejar claro desde un principio que no es la más indicada para valorar la película Tag en su genero. Personalmente soy más del cine existencialista europeo que del pseudo-gore japonés, sin desmerecer para nada sus méritos. Pero precisamente por presentarme ante la película con una mirada virginal, me sorprendió más la doble lectura que encerraba.

Y es que el film arranca por todo lo alto. Al minuto de empezar la proyección tenemos un autobús cortado por la mitad, con muñecos de trapo soltando sangre por un tubo. Una colegiala que corre por la carretera, escondiéndose de un viento asesino-decapitador, para acabar chapoteando en un río. Y en la escena siguiente, la misma colegiala, con la camisa perfectamente planchada y almidonada…

Si les dás un click a la imagen podrás ver el trailer.

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Las primeras sensaciones son bastante desconcertantes, pero con el paso de los minutos se hace patente que la propia película no se toma en serio a si misma y todo es auto-paródico. Tag utiliza los clásicos tics del género anime para burlarse de ellos, desde los diálogos edulcorados, hasta el erotismo blando de uniformes demasiado cortos y constantes peleas de almohadas. El director Sion Sono se ríe de los clichés y de la imagen de la mujer en el mundo asiático, su infantilización y su papel en los medios. Revindica la fortaleza femenina con un personaje directo y elaborado, que no sólo sirve como producto de entretenimiento masculino. En definitiva, Tag es un discurso feminista solemne, aderezado con sangre y humor.

Ni le ciel ni la terre:

Buscando cobijo del chaparrón que azotaba las calles de Sitges, nos topamos con Ni le ciel ni la terre, un film de producción francesa. La premisa no prometía mucho, otra de soldados en la guerra de Afganistán. Y los primeros minutos confirmaban nuestras sospechas, avanzando por los mismos derroteros a que nos han acostumbrado tantas producciones americanas en los últimos años. Pero al cuarto de hora nos vimos sorprendidos por un potente giro que nos hizo tragarnos nuestras propias palabras y hundirnos poco a poco en los asientos.

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Un batallón francés tiene la misión de controlar un desértico valle de la frontera de Pakistán. Lo que parecía una misión tranquila y pacífica acaba por desencadenar una misteriosa trama, a raíz de la desaparición inexplicable de dos soldados. Nadie les ha visto, no hay ni una sola pista, y parece que se han volatilizado. No sólo eso, el batallón se ve obligado a aliarse con su enemigo, los talibanes, que también han sufrido las mismas enigmáticas bajas en su clan.

Todo apunta a que los culpables son los habilitantes de la pequeña aldea del valle, en su mayoría pastores y artesanos, pero éstos mantienen un silencio sepulcral sobre las desapariciones. El punto álgido de la trama está personificado en el Capitán Bonassieula y su dilema sobre qué hacer cuando tu raciocinio te dice una cosa y tus sentidos otra.

Es muy probable que la cinta peque de un metraje excesivamente largo. Incluso que el cineasta Clément Cogitore pierda un poco el timón de la dirección por abusar del realismo mágico y las referencias al misticismo sufí. Pero un guión bien elaborado, con especial cuidado en los “plantings”, y la atmosfera de misterio que envuelve toda la trama, compensan esos baches, y hacen de Ni le ciel ni la terre un visionado muy recomendable.

Cop Car:

El último film de nuestra lista, Cop Car, arranca con una premisa sencilla: el juego del gato y el ratón. La cinta plantea una versión inocente de Thelma & Louise encarnada por dos chavales que se escapan de casa, topan con un coche de policía aparentemente abandonado y se lo llevan sin pensar demasiado en las consecuencias. Pero la cosa se complica al descubrir que el coche pertenece al sheriff del lugar, un policía corrupto les persigue como sí del correcaminos se tratara, a través de una trama que va evolucionando de la comedia al thriller.

En el resultado final, aunque el argumento se estire ciertamente, haciéndose inverosímil en algunos momentos, y se eche en falta algunas subtramas potentes, la película logra captar bastante al espectador, con dosis de humor negro y constantes giros bien planteados para que el ritmo no decaiga.Pero por lo que el guión de Cop Car merece una mención especial, a nuestro juicio, es por la construcción de los diálogos, apoyados por unas buenas interpretaciones de la pareja protagonista. No siempre se logra escribir buenos diálogos infantiles, y muchas veces el resultado es que las conversaciones son artificiosas, forzadas y sobre explicativas, tan condescendientes que acaban poniendo nervioso al espectador. No es el caso de Cop Car, que plasma a unos chavales reales y que caen bien, haciendo funcionar la empatía con el público, que sufre con ellos sus desventuras. Un poderoso acierto a su favor.