Sitges 2015: Un resumen (Parte 1)

Nuestro primer año como marxistas en Sitges se ha saldado con, oh, sorpresa, una disparidad en la calidad de los títulos que parece no ya sólo constante en cualquier festival de estas características sino específicamente en el certamen fantaterrorífico por excelencia en la Península Ibérica. Ya se sabe, el Festival quiere contentar a varias clases distintas de público y apela con ello a criterios de selección dispares, en algunos casos antagónicos. Aquí conviven títulos que vienen envueltos en una bruma de prestigio arrastrada desde otros festivales -algunos de Clase A- con puros exploits de género disparatados. Revelaciones cinematográficas de textura indie con productos de pretensión mainstream. Sutiles acercamientos al fantástico con atropellados ejercicios de transgresión salvaje del género. Apichatpong Weerasethakul con Eli Roth. Takashi Miike con Charlie Kaufman. Paolo Sorrentino con Sion Sono, con Gaspar Noé, con Hou Hsiao-Hsien. Todo muy ecléctico, claro, y zampado en modo maratoniano también todo bastante esquizofrénico. Pero lleno de sorpresas, pequeñas o cantadas, de títulos de incuestionable calidad y de nuevas entregas relevantes de algunos de los cineastas más importantes, personales, arriesgados, o todo junto, del momento.

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¡No rompas la cadena! (técnicas de motivación según Jerry Seinfeld)

He aquí la tontería del día.
Cuando uno empieza a meterse en esto del guión una de las primeras revelaciones zen que recibe de su mentor -sea quien sea este- es algo así como “Es guionista quien escribe. Si escribes eres guionista, pero tienes que escribir cada día”. Perla de sabiduría (categoría duh) que puede ser dictaminada con un distinto grado de salvajismo, desde el mentado hasta un más contundente y sargentoHartman-esque “¡Escribe, coño! ¡Escribe, escribe, ESCRIBE!”. Algo cuyo fondo, por supuesto, suscribimos desde aquí. Cada día, todos y cada uno de ellos, uno tiene que sentarse un rato y darle a la almendra hasta que salgan cosas. Desde esa escena enquistada hasta la más soplapóllica reflexión de adolescente tardío ante un diario personal. Desde una reseña para un libro hasta un sketch para una serie de éxito nacional que se emite cada noche en prime time en el interior de tu cabeza (y sólo ahí, no te engañes). Da igual, lo importante es ordenar pensamientos creativos y plasmarlos en algún folio en blanco o en la pantalla del ordenador, del smartphone o lo que sea.

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