Personajes que nos marcaron: George Costanza

Seinfeld no fue solamente la mejor sitcom de la Historia de la televisión norteamericana (y nos quedamos cortos), fue, entre otras muchísimas cosas, una de las ficciones que con más astucia jugó la carta del binomio distanciamiento/empatía. De algún modo, cargándose de toneladas de ironía, extrañeza cotidiana y sorna contemporánea y reduciendo sus cargas emotivas a un 0%, Seinfeld logró que conectáramos con su propio mundo de manera directa y totalmente desnuda, sin aditivos ni efectismos innecesarios. De manera que sobre el papel podía parecer difícil establecer una conexión empática profunda con algunos de sus personajes (neuróticos, freaks o simple e ingeniosamente anodinos) pero en la realidad lo lograba. Y lo mejor de todo es que lo lograba a través del más mezquino, egoísta y desastroso de todos ellos. George Costanza, claro. El bajito calvo con sobrepeso, familia desastrosa y problemas de curro que se moría por estar con alguien del género femenino, que nunca lograba ligar y que cuando lo hacía lo mandaba todo a la mierda con alguna de sus manías inexplicables basadas en, básicamente, el impulso de ser un tocapelotas compulsivo. Ese tipo. Un auténtico cuadro humano, un ser de una imperfección apabullante, un auténtico animal social totalmente asocial, un misántropo desesperado por ser aceptado. Algo parecido al desequilibrio más absoluto. Algo parecido a todos nostros. O a la mayoría de nostros, por lo menos.

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