comedias: Angie Tribeca

10 (otras) comedias televisivas que probablemente no estás viendo

Si algo funciona, no lo toques. Y si puedes repetir el éxito, asegúralo. Dada la buena respuesta que recibimos de aquel post que publicamos hace ya algún tiempo, vamos a por un bonus, que algo ha llovido ya. En aquella ocasión se trataba de echar un vistazo a un puñado de comedias televisivas que igual estaban volando por debajo del radar generalizado. Y que nos resultaba una lástima que así fuera. Ahora toca un poco hacer lo mismo y tomar otro puñado de productos, muy hot o no tanto, que nos brindan nuestra ración de risa semanal.

Hay vida más allá de The Big Bang Theory, maldita sea. Y también de las muy brillantes, y muy reconocidas, Louie, Veep, Silicon Valley o Master of None. ¿No estaba claro desde el titular? He aquí 10 comedias televisivas que deberías empezar a ver, si es que no lo estás haciendo ya.

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Personajes que nos marcaron: George Costanza

Seinfeld no fue solamente la mejor sitcom de la Historia de la televisión norteamericana (y nos quedamos cortos), fue, entre otras muchísimas cosas, una de las ficciones que con más astucia jugó la carta del binomio distanciamiento/empatía. De algún modo, cargándose de toneladas de ironía, extrañeza cotidiana y sorna contemporánea y reduciendo sus cargas emotivas a un 0%, Seinfeld logró que conectáramos con su propio mundo de manera directa y totalmente desnuda, sin aditivos ni efectismos innecesarios. De manera que sobre el papel podía parecer difícil establecer una conexión empática profunda con algunos de sus personajes (neuróticos, freaks o simple e ingeniosamente anodinos) pero en la realidad lo lograba. Y lo mejor de todo es que lo lograba a través del más mezquino, egoísta y desastroso de todos ellos. George Costanza, claro. El bajito calvo con sobrepeso, familia desastrosa y problemas de curro que se moría por estar con alguien del género femenino, que nunca lograba ligar y que cuando lo hacía lo mandaba todo a la mierda con alguna de sus manías inexplicables basadas en, básicamente, el impulso de ser un tocapelotas compulsivo. Ese tipo. Un auténtico cuadro humano, un ser de una imperfección apabullante, un auténtico animal social totalmente asocial, un misántropo desesperado por ser aceptado. Algo parecido al desequilibrio más absoluto. Algo parecido a todos nostros. O a la mayoría de nostros, por lo menos.

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Better Call Saul y otros 5 spin-off que lo petaron fuerte

(NOTA: Este artículo fue publicado originariamente el 12 de febrero de 2015)

Llegó febrero, llegó Better Call Saul y a medio planeta seriéfilo le ha estallado la cabeza. Las redes sacan humo, las reviews se cuentan a centenares, las teorías están disparadas, la gente hipotetiza como si no hubiera un mañana y los ánimos andan, por decirlo suavemente, encendidos. Los tabiques nasales de casi todo el fandom cosquillean con el mero recuerdo de lo que fue Breaking Bad en su momento: droga dura que convirtió a incontables seguidores en los protagonistas infantiles de El pueblo de los malditos y que ahora, menos da una piedra, encuentra su correspondiente metadona en forma de spin-off/chufla/variante. Una precuela de la serie madre protagonizada por el más zarrapastroso picapleitos de Albuquerque, el Saul que da título al producto y que aparentemente será el centro de esta especie de exploit del universo Breaking Bad donde se minimiza el factor thriller fronterizo y se disparan a troche y moche las cantidades de humor negro.

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Personajes que nos marcaron: Latka Gravas

No me cuesta imaginar a los Charles (Glen y Les) hablando entre carcajadas, quién sabe si también fumando algo, en el momento en que, allá por los años setenta, diseñaban a uno de sus personajes más celebrados como tal. Como personaje, quiero decir, en la más pintoresca acepción de la palabra: su Frasier no dejaba de ser un tipo cotidiano lleno de neuras y prejuicios estúpidos, sus Cliff y Norm representaban aquellos dos amigotes que siempre encontramos en casi todos los bares y que hacen de su dialéctica etílica una suerte de articulación de lecciones de vida para una larga y próspera soledad. Personajes, en una palabra, humanos.

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Lecturas esenciales: ‘Hombres fuera de serie’, de Brett Martin

 La verdad, antes de enfrentarnos a Hombres fuera de serie (o Difficult Men) pensábamos inaugurar con ella un epígrafe de novedades editoriales en el blog. Con el libro ya convenientemente devorado y esperando pacientemente una segunda lectura en la estantería, la empresa deberá esperar: nada de a novedades, esto se va directamente a la sección de libros esenciales. Y es que Brett Martin ha creado un auténtico caramelo del ensayo televisivo del siglo XXI. El documento definitivo sobre la Tercera Edad de Oro catódica en Estados Unidos y entorno a la figura esencial en el éxito creativo de las series de nuevo cuño, especialmente las del cable: el showrunner. A través del análisis de varios productos muy concretos y mediante el estudio de las circunstancias de su concepción Martin traza una colección de historias vitales, las de esos tipos que han llevado al Olimpo del audiovisual sus ideas revolucionarias, locas en algunos casos, pero que han cambiado la reciente fisonomía del medio. Una colección de francotiradores que, desoyendo los consejos de su propio sentido común, han edificado las divisiones de ficción de cadenas como HBO, AMC o FX en una historia que se da inicio a finales de los 90 (en que HBO daba el salto al drama de ficción con la potentísima Oz) pero que se remonta a los 70 de MTM y a los 80 de Bochco. Una historia, en fin, de profesionales que han construido sus idearios a partir de sus propias taras vitales y virtudes personales.
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Mad Marx recomienda. 12 comedias televisivas que probablemente no estás viendo

(NOTA: Este artículo fue publicado originariamente el 29 de marzo de 2014)

[Una reflexión previa algo anodina, y bastante ludicrous en su propósito, entorno a la presencia de lo cómico en la ficción televisiva (hoy)]

No sé muy bien qué motiva este post, pero nos apetecía marcarnos este pequeño acto reivindicativo. Somos toxicómanos de las series, como cualquier hijo de vecino, y siempre está bien ejercer un poco de camello y enganchar al feliz infierno de la droga a cualquiera que se nos cruce por delante. Por otro lado, como espectadores primero y como guionistas después, somos muy de comedias y, como decimos, nos sentíamos con la imperiosa necesidad de dar un golpe en la mesa y reivindicar la ficción humorística televisiva, hoy que tanto prestigio crítico parece desprender el drama. Claro, puestos a reivindicar algo, lo suyo sería hacerlo con producto nacional, en lugar de con basura imperialista pero, seamos sinceros, ni tú ni yo estamos aún en ese punto de la relación. Como sea, la comedia parece aquella metadona que usamos para rellenar mono, lo que nos metemos en el cuerpo autoengañándonos hasta que llegue la próxima dosis de Mad Men, de Juego de Tronos, o lo que sea.

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