Cómic- Chris Ware y ‘Building Stories’. Deconstrucción de lo secuencial, fragmentación de lo fragmentado (O algo por el estilo)

Cualquiera que guste del cómic como lenguaje y como campo de batalla para la experimentación narrativa debería tener este mes bien marcado en su calendario de adquisiciones culturales. Una conocida editorial pone en circulación en nuestro país Building Stories, la última locura de Chris Ware, probablemente el tipo más importante, más relevante y más inevitable del medio, hoy. De ella decía, a modo de breve reseña que publiqué en otro lado, lo siguiente:

Reducir la importancia de este acontecimiento a un texto tan escueto no es sólo imprudente, es directamente inmoral. De hecho ninguna reseña apresurada hará jamás justicia a la aparición de cualquier material de Chris Ware, y tampoco a este Fabricar historias, más que un cómic una caja de sorpresas. Literalmente: en su permanente desafío a las formas tradicionales de edición, Ware se ha inventado una enorme caja de robusto cartón que contiene su última obra, dispersa en distintos tebeos de variados formatos. Uno abre la caja y da con un puñado de historias en forma de tabloide, de tira cómica, de libro encuadernado, de póster. Y cuando se zambulle en ello se encuentra con narrativa secuenciada tradicional, dibujos con estética de recortable, diagramas y planos… Un poco lo que venía haciendo desde Jimmy Corrigan, especialmente desde el Catálogo de Novedades ACME, pero elevado a su máxima expresión. Viñetas de todo tipo y tamaño en planificaciones libérrimas, espacios donde convive el minimalismo más absoluto con el horror vacui, la sobreverbalización con el silencio, lo pequeño con lo cósmico. Todo constituye un enorme tapiz por el que se mueven los personajes, dos de ellos con un papel especialmente relevante: una mujer coja, inquilina de un piso en Chicago, y Branford, la mejor abeja del mundo. De la primera conocemos toda su vida como madre y como hija; con la segunda compartimos aventuras metafísicas y crisis de fe en una cotidianía diminutamente gigantesca. Alrededor de ambos se arremolinan unos personajes secundarios que permiten a Ware profundizar en sus grandes temáticas: la soledad, la diferencia, el paso del tiempo, el peso del pasado, la búsqueda de la felicidad de personajes con corazones rotos, los conflictos generacionales (padres que se encuentran entre sus hijos y sus propios padres), la resignación lacónica y la imborrabilidad de las heridas, físicas y espirituales. Además de todo ello, Fabricar historias (traducción insuficiente para el mucho más rico en dobles y triples sentidos Building Stories) es un tratado de existencialismo, formalmente a medio camino de lo popular y el arte de museo, que constituye una profunda indagación en la psique femenina, tan condicionada por el sacrificio a la familia, y una reflexión sobre la crisis de fe, la búsqueda de Dios y la pequeñez del ser frente al universo en un mundo plenamente contemporáneo. Todo eso y, claro, una reivindicación del continente al mismo nivel que el contenido, un nostálgico homenaje a las artes gráficas, a la tipografía y a la singularidad de la obra artesanal. Sin lugar a dudas, esta es la publicación más relevante del año en materia de narrativa gráfica, una nueva prueba irrefutable de que no existe nadie como Chris Ware ni nada como lo que él hace. Una experiencia deslumbrante, en todos los aspectos infinita.

 

 

Sirva este texto como mera reseña o simple recomendación amistosa del material que nos ocupa, que en el fondo es lo que venía a hacer aquí hoy. Pero no quisiera marcharme sin incidir brevemente en la parte guionística del asunto que, al fin y al cabo, más que la formal (que también) es la que nos interesa de verdad. No es la primera vez que el lenguaje del cómic se deconstruye a si mismo y se acerca a esas formas de literatura “libre” en las que el lector ejerce casi de constructor (aquí, builder) de la historia, cuyo paradigma podría ser el Rayuela de Cortázar. Pero sí es quizá la ocasión, por lo menos en el mundo del tebeo contemporáneo, en la que esta práctica se ha logrado con mayor exquisitez y en la que la motivación aparece más justificada, en virtud de lo que se quiere contar. Will Eisner elevó a arte lo que ya habían intentado muchos otros antes, la composición de página completa; Jim Steranko jugueteó con la idea de narrativas sin un camino de lectura delimitado (en Frogs, por ejemplo); últimamente Shintaro Kago parece haber experimentado con eso y otros materiales químicos de la narrativa comiquera llevándolo a cotas altamente punk. Pero Chris Ware lo ha elevado a la enésima potencia en implicaciones filosóficas, lingüísticas y artísticas. Como digo, Building Stories puede empezarse a leer por donde uno quiera, y mientras el impacto visual no sufrirá perjuicios con ello, el emocional será totalmente distinto para cada lector. Único.

 

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Por otro lado hay que señalar que la plasticidad de su lenguaje, por supuesto, no es total. Y aunque Building Stories contiene historietas que podrían suponer casi un bucle (un inicio que enlaza con el final o a la inversa), la lectura suele ser lineal: la deconstrucción del tiempo viene dada a partir de (digamos) beats des- o re-ordenables que en realidad son, en si mismos, indivisibles. A pesar de la multiplicidad de sugerencias, sensaciones físicas y reacciones visuales que pueda suscitar la página en un vistazo general, en el fondo las viñetas responden a un esquema causa-efecto, la pura narrativa se genera no tanto a un nivel maximalista (ese vistazo a la página completa) como en el tradicional sistema de cuadros con el orden que decide el autor.

Para ello es el autor. Por algo estamos ante un lenguaje concreto y acotado, el del cómic. Es posible que sólo esté divagando sin aportar nada al asunto más que una moraleja simplista para cualquier guionista: libera tu mente, rompe moldes, sorprende, genera emociones mediante el uso de la expectativa, especialmente de la ruptura de la misma, construye historias sólidas pero luego estudia en profundidad cómo contarlas.

No sé si servirá esto de algo a alguien. Pero cuanto menos la pura reivindicación del material que nos ocupa tiene que existir: con Building Stories el tebeo como medio de expresión acaba de dar un nuevo salto al hiperespacio. Nunca mejor dicho.