Valor de futuro, qué coño, más bien presente firme de la narrativa comiquera de este país, Álvaro Ortiz acaba de regresar con un nuevo álbum bajo el brazo que confirma cualquier buena impresión dejada por su anterior Cenizas. Mucho se podría hablar de este excepcional Murderabilia y de sus incontables virtudes, de su ritmo preciso usado para contar las cosas justas, de su ambientación cinematográfica propia de (de nuevo) una suerte de Twin Peaks de bolsillo, de su amplia paleta de tonalidades cromáticas y de texturas emotivas, de su oscura fijación por el coleccionismo de datos macabros y su celebración de la memorabilia fúnebre (murderabilia, ahí queda el término para la posteridad). Quizá habrá un momento en que hablemos de todo ello. Quizá no. Pero sí me gustaría detenerme en un punto concreto del abanico temático de esta obra, para una reflexión que preveo breve, expresada un poco a vuelapluma y que no tengo muy claro que vaya a aportar conclusiones de especial relevancia: la reflexión que lanza el autor sobre esa chispa que debe dar inicio un proceso de escritura sólido, fundamentado y apasionado.
Read More›No me cuesta imaginar a los Charles (Glen y Les) hablando entre carcajadas, quién sabe si también fumando algo, en el momento en que, allá por los años setenta, diseñaban a uno de sus personajes más celebrados como tal. Como personaje, quiero decir, en la más pintoresca acepción de la palabra: su Frasier no dejaba de ser un tipo cotidiano lleno de neuras y prejuicios estúpidos, sus Cliff y Norm representaban aquellos dos amigotes que siempre encontramos en casi todos los bares y que hacen de su dialéctica etílica una suerte de articulación de lecciones de vida para una larga y próspera soledad. Personajes, en una palabra, humanos.
Read More›Cualquiera que guste del cómic como lenguaje y como campo de batalla para la experimentación narrativa debería tener este mes bien marcado en su calendario de adquisiciones culturales. Una conocida editorial pone en circulación en nuestro país Building Stories, la última locura de Chris Ware, probablemente el tipo más importante, más relevante y más inevitable del medio, hoy. De ella decía, a modo de breve reseña que publiqué en otro lado, lo siguiente:
Read More›[Una reflexión previa algo anodina, y bastante ludicrous en su propósito, entorno a la presencia de lo cómico en la ficción televisiva (hoy)]
No sé muy bien qué motiva este post, pero nos apetecía marcarnos este pequeño acto reivindicativo. Somos toxicómanos de las series, como cualquier hijo de vecino, y siempre está bien ejercer un poco de camello y enganchar al feliz infierno de la droga a cualquiera que se nos cruce por delante. Por otro lado, como espectadores primero y como guionistas después, somos muy de comedias y, como decimos, nos sentíamos con la imperiosa necesidad de dar un golpe en la mesa y reivindicar la ficción humorística televisiva, hoy que tanto prestigio crítico parece desprender el drama. Claro, puestos a reivindicar algo, lo suyo sería hacerlo con producto nacional, en lugar de con basura imperialista pero, seamos sinceros, ni tú ni yo estamos aún en ese punto de la relación. Como sea, la comedia parece aquella metadona que usamos para rellenar mono, lo que nos metemos en el cuerpo autoengañándonos hasta que llegue la próxima dosis de Mad Men, de Juego de Tronos, o lo que sea.
Read More›He aquí la tontería del día.
Cuando uno empieza a meterse en esto del guión una de las primeras revelaciones zen que recibe de su mentor -sea quien sea este- es algo así como «Es guionista quien escribe. Si escribes eres guionista, pero tienes que escribir cada día». Perla de sabiduría (categoría duh) que puede ser dictaminada con un distinto grado de salvajismo, desde el mentado hasta un más contundente y sargentoHartman-esque «¡Escribe, coño! ¡Escribe, escribe, ESCRIBE!». Algo cuyo fondo, por supuesto, suscribimos desde aquí. Cada día, todos y cada uno de ellos, uno tiene que sentarse un rato y darle a la almendra hasta que salgan cosas. Desde esa escena enquistada hasta la más soplapóllica reflexión de adolescente tardío ante un diario personal. Desde una reseña para un libro hasta un sketch para una serie de éxito nacional que se emite cada noche en prime time en el interior de tu cabeza (y sólo ahí, no te engañes). Da igual, lo importante es ordenar pensamientos creativos y plasmarlos en algún folio en blanco o en la pantalla del ordenador, del smartphone o lo que sea.
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